Si sigue navegando o realizando cualquier otra acción en nuestra web, acepta que utilicemos cookies propias y de terceros para facilitarle una mejor experiencia de navegación.

Más información     |     Cerrar

 
 
 
 
 

Introducción al Proyecto Gaelaico

 

Galicia ha estado poblada desde los primeros asentamientos humanos en la Península Ibérica. La lengua o lenguas habladas por las poblaciones autóctonas antes y durante la invasión romana de la Gallaecia en el año 25 a. C. no están documentadas, aunque se presume que aquí se hablaron una o más lenguas celtas. La falta de textos en lengua autóctona o de textos bilingües en griego o latín y alguna lengua indígena parece indicar que, o la población nativa no utilizaba escritura alguna, o bien que cualquier documento escrito en lengua nativa se ha perdido o ha sido destruido.

Tras varios años de investigación, hemos observado claros indicios de lenguas celtas en la toponimia y el léxico gallegos, en particular, indicios de lenguas gaélicas o goidélicas.

Esta afirmación puede parecer sorprendente o incluso descabellada, puesto que en épocas posteriores a la caída del Imperio Romano no se ha detectado conexión lingüística alguna entre las lenguas romances habladas en el oeste de la Península Ibérica y las lenguas gaélicas habladas en la zona noroccidental de las Islas Británicas. Sin embargo, creemos que muchas palabras gallegas muestran una clara relación con formas antiguas y modernas de ciertas palabras gaélicas en la evolución de dichas formas. A continuación vemos un ejemplo.

 

La palabra gallega medón, hoy en desuso, tiene la misma forma que la palabra medón en gaélico irlandés antiguo, también en desuso. Ambas palabras tienen la misma grafía, significados directamente relacionados y formas fonéticas similares.
 

Meán es la forma moderna de la palabra gallega medón. Meán es también la forma moderna de la palabra medón en gaélico-irlandés antiguo. Ambas palabras, la gallega meán y la gaélico-irlandesa meán han tenido un desarrollo fonológico paralelo y han conservado los mismos significados directamente relacionados.
 

Además, tanto en gallego como en gaélico irlandés, existen formas fonológicas intermedias utilizadas en períodos históricos intermedios que conservan significados directamente relacionados. Su semejanza fonética también es sorprendente a pesar de las evidentes diferencias en las convenciones ortográficas de las dos lenguas. Aquí vemos algunas formas gallegas intermedias: meón, meián y meión. Aquí vemos algunas formas gaélico-irlandesas intermedias: meadhón, meadhán, meidheón.

 

Aunque son sólo unos ejemplos de las muchas correspondencias que hemos observado entre las lenguas gaélicas y la lengua galaica, creemos que son importantes porque nos permiten observar la evolución de una palabra desde su forma más antigua conocida, medón, hasta su forma más moderna, meán, en dos lenguas tan distantes como son la lengua romance gallega y la lengua gaélico-irlandesa.

Incluso aunque todos estos vocablos gaélico-irlandeses fuesen préstamos del latín, sus formas intermedias demuestran una evolución fonológica paralela a la evolución que hemos observado en las palabras gallegas. Hemos utilizado estas dos palabras, medón y meán, para ilustrar un proceso que consideramos evidente pero que hasta ahora ha pasado desapercibido: la romanización o adaptación de palabras gaélicas a la lengua romance gallega. Se trata de unos cuantos ejemplos solamente, pero hemos encontrado centenares.

Después de haber encontrado palabras de claro origen gaélico en el léxico gallego, hemos analizado la toponimia de las regiones del noroeste peninsular y hemos observado el mismo proceso, pero a una escala todavía mayor. Aunque en menor medida que en la lengua gallega, también hemos observado el mismo proceso en la lengua portuguesa y en la lengua española.

Debido a la gran cantidad de términos gaélicos que han sido adaptados a las lenguas romances del oeste de la Península Ibérica, a la gallega en particular, y debido a formas fonéticas tan modernas como meán, estamos convencidos de que las lenguas gaélicas se hablaron en el noroeste de la Península Ibérica en épocas posteriores a la caída del Imperio Romano. De hecho, la evolución de algunas palabras demuestra que las lenguas celtas goidélicas se hablaron en Galicia antes y después de la caída del Imperio Romano.

Aunque en sucesivos apartados hacemos una exposición de nuestro proyecto de un modo más amplio y detallado, con esta breve introducción queremos ofrecer una versión más ligera que, en cierta medida, se puede resumir en la siguiente frase:

 

    Donde se habló una lengua, existió una cultura relacionada a ella”

 

Eso es exactamente lo que pretendemos demostrar, que en Galicia se habló una lengua celta goidélica, y que la cultura asociada a dicha lengua dejó una profunda huella en la cultura del pueblo gallego.

 

1. Los pueblos celtas
 

Es innegable que en el pasado existió una estrecha relación entre los pueblos de la Europa Atlántica. La relación entre los pueblos celtas insulares es evidente, como también lo es la relación entre los pueblos celtas insulares y el pueblo bretón en la Europa continental. El pueblo bretón es el vínculo crucial que relaciona a los pueblos celtas insulares con el pueblo galo prerromano.

Lo que se sabe sobre la relación de todos estos pueblos con los pueblos celtas de la Península Ibérica mencionados en las fuentes clásicas está basado en hallazgos realizados por disciplinas como la arqueología o la historiografía, limitado a la información legada por los romanos durante su invasión de la Península Ibérica o a documentos griegos que mencionan a los keltoi y a los keltiberi, pueblos de la Edad del Hierro que hablaban lenguas celtas o célticas.

Sin embargo, en los diversos anales irlandeses escritos sobre tradiciones de épocas anteriores a la era cristiana, hay referencias constantes a la Península Ibérica y al noroeste peninsular en particular. En la Declaración de Arbroath, sellada por 51 magnates y nobles escoceses en el s. XIV y dirigida al Papa Juan XXII, también se dice que el pueblo gael estuvo asentado durante siglos en la Península Ibérica.

 

Declaración de Arbroath

Llegados aquí, no podemos pasar por alto la posibilidad del asentamiento de un pueblo britano en la Gallaecia tras la caída del Imperio Romano, en los territorios que hoy conocemos como Galicia y Asturias. Su llegada habría coincidido, aproximadamente, con la época de asentamiento del pueblo bretón en la Bretaña francesa, huyendo de las huestes anglosajonas. De hecho, todo parece indicar que dicho pueblo britano estuvo asentado en una pequeña zona muy específica a ambos márgenes del río Eo.

 

2. Galicia y su tradición celta
 

En Galicia, además de numerosas leyendas tradicionales de corte celta, supuestamente importadas, existe un profundo sentimiento de empatía con Irlanda. Lo mismo se puede decir con respecto a Escocia, pero en menor medida. Dicho sentimiento, profundamente arraigado, suele achacarse al efecto de movimientos nacionalistas modernos que, supuestamente, habrían recurrido a las tradiciones celtas para así darle a Galicia una falsa identidad celta o gaélica, muy distinta a la imagen que se tiene de Galicia en diversos sectores del mundo hispanohablante. Dicha imagen se corresponde, en ciertos aspectos, con la imagen de Irlanda y de los irlandeses en distintas áreas del mundo angloparlante.

Los distintos pueblos celtas de la Europa Atlántica son muy conscientes de los vínculos que existen entre ellos, pero igual que son conscientes de dichos lazos ancestrales, también lo son del factor que los une más que ninguna otra cosa: sus diversas lenguas celtas.

Por ello, el hecho de que en Galicia no se hable ninguna lengua celta actualmente es considerado, por lo general, una barrera insalvable. Esto significa que los gallegos perdieron todo derecho a ser celtas cuando perdieron la lengua o lenguas celtas que se hablaron en el noroeste peninsular en un pasado más o menos distante. Debemos recordar que tanto el lusitano como el celtíbero se consideran lenguas celtas o protoceltas.

Ciñéndonos a este razonamiento, podríamos decir que los nacidos en Cornualles ya no son celtas, puesto que el córnico se ha extinguido y ya es imposible recuperar la lengua en su forma original. En cuanto al bretón, podemos decir que en la actualidad, incluso según algunas encuestas muy optimistas, el número de personas que hablan dicha lengua ha descendido a 300.000 hablantes y, por lo tanto, el bretón ya no será la lengua materna de las nuevas generaciones durante mucho tiempo.

Podríamos decir también que irlandeses, escoceses, galeses y bretones dejarán de ser celtas cuando dejen de hablarse sus lenguas vernáculas. Tengamos presente que los expertos, salvo algún milagro y a pesar de los esfuerzos para conservarlas, no les auguran un futuro muy halagüeño. Lo cierto es que si las lenguas vernáculas minoritarias se extinguiesen y las costumbres y tradiciones desapareciesen absorbidas por la globalización, los pueblos celtas perderían su identidad.

Pero afirmarlo sería una barbaridad, debido, fundamentalmente, a que existe constancia histórica de que todas las lenguas celtas mencionadas se hablaron en distintas zonas de la Europa Atlántica hasta hace relativamente poco tiempo. El córnico dejó de hablarse a finales del s. XVIII; el devoniano, directamente emparentado al galés, al bretón y al córnico, también dejó de hablarse en el Medievo; y el picto, otra lengua supuestamente celta, ya se había extinguido en el s. XII.

Sabemos que los distintos pueblos de la Antigüedad preservaron sus identidades étnicas o culturales conservando vestigios de sus lenguas, de sus culturas y de sus tradiciones. Pero también sabemos que en algunos casos sólo fueron recuerdos conservados cuidadosamente  como un conjunto de datos culturales para ser estudiados por los descendientes de dichos pueblos. Salvando las distancias, los datos culturales conservados podrían compararse a cadáveres momificados, congelados en hielo o hallados en una turbera.

 

3. Conservación de la lengua
 

Las lenguas pueden conservarse de diversos modos, aunque para ello deben asumir ciertas modificaciones. Esperamos que los siguientes ejemplos sean lo suficientemente ilustrativos.

- En los siglos finales del Medievo, la influencia de Inglaterra fue aumentando progresivamente en la Isla de Man. A partir de entonces, la lengua inglesa ha sido el factor externo principal en la evolución del gaélico de la isla. La influencia inglesa sobre el Manx se puede apreciar claramente en la representación gráfica de la lengua.

- El bretón es otro claro caso de fuerte influencia externa sobre una lengua celta. La influencia del francés sobre el bretón ha sido muy grande, hasta el punto de que una considerable parte de su léxico ha sido tomado prestado de la lengua romance francesa. Se sabe que la mayor parte de los préstamos del francés fueron introducidos en la lengua, o bretonizados, entre el año 1000 y el año 1600 de nuestra era.

- El caso de Inglaterra es muy diferente, puesto que la cultura y la lengua anglosajona se propagaron rápidamente por todo el este y el centro de Gran Bretaña durante los siglos VI y VII. En los extremos remotos de la isla, las lenguas celtas se conservaron durante varios siglos. Estas eran, por supuesto, las lenguas de las culturas dominantes hasta entonces en Gran Bretaña. Sus parientes continentales habían extendido su cultura por la Europa prerromana y habían estado en contacto con las culturas germánicas, entre otras.

El estigma social asociado a las lenguas celtas en la sociedad británica durante el último milenio parece ser el responsable de la presunta inexistencia de préstamos celtas en la lengua inglesa, a pesar de que el inglés es una lengua famosa por haber tomado palabras prestadas de muchas otras lenguas. Las lenguas celtas eran consideradas inferiores y las palabras que se han reconocido como préstamos celtas son, por lo general, términos de significado geográfico y topónimos. Por supuesto, la falta de familiaridad de muchos filólogos ingleses con las lenguas celtas no ayuda a la identificación de préstamos celtas.

En general, las lenguas celtas no se conservaron en Europa, pero su influencia se puede constatar en forma de cambios, a veces muy sutiles. En Francia, por ejemplo, el uso del latín fue modificado a través de la influencia local de lenguas celtas. Los dialectos que se hablan en el norte de España incluso hoy en día, revelan su gran influencia celta. En este caso siempre se suelen considerar influencias anteriores a la llegada de los celtas a las Islas Británicas o influencias posteriores, cuando los celtas huyeron de las invasiones anglosajonas.

Galicia está situada en la esquina noroccidental de la Península Ibérica, por lo que si en Galicia se habló una lengua celta en alguna época, tanto si fue introducida por los pueblos britanos al huir de los ejércitos anglosajones o introducida en épocas anteriores por remota que éstas fuesen, deberíamos poder encontrar vestigios de dicha lengua en algún epígrafe, en la toponimia o incluso en la lengua romance gallega. Dicho de otro modo, puede haber términos gaélicos o britónicos adaptados a la lengua romance igual que hay palabras adaptadas al bretón y a la lengua inglesa. De encontrarlos, esos vestigios pueden ayudar a dilucidar la época en la que se habló dicha hipotética lengua celta, puesto que los vestigios podrían compararse al galés antiguo, al gaélico irlandés antiguo, etc., proporcionando a los lingüistas un valioso material de trabajo.

 

 

4. Presencia de pueblos invasores sin sustitución poblacional significativa en la Gallaecia
 

El hecho de que los romanos conquistaron la Península Ibérica es tan innegable como el hecho de que la Gallaecia estuvo bajo su dominio durante más de cuatro siglos. Sin embargo, no existen pruebas de que la población autóctona fuese sustituida o se viese afectada en su composición demográfica por otra población de origen extranjero.

Teniendo en cuenta la tradicional ausencia de vías de comunicación en la Galicia interior y la mínima rentabilidad que los romanos podrían obtener de la explotación de la población rural asociada a la cultura castreña, es lógico suponer que estos primeros invasores históricos documentados de la Gallaecia no se centrasen en imponer el latín, y menos en alfabetizar a la población indígena. Por lo tanto, podemos suponer un alto grado de continuidad lingüística en la población local pese a su necesidad de tratar en latín con las autoridades romanas.

Los suevos y los godos, en ese orden, se convirtieron en las élites dominantes en la Gallaecia tras la caída del Imperio Romano. Los foedera (tratados) firmados con el Imperio para la cesión de territorios concretos a los distintos pueblos germánicos parecen indicar que estos grupos germánicos eran élites militares que, a cambio de ciertos privilegios, se dedicaban a ser custodios de la civilitas romana. Una vez más, suponemos una continuidad en los hábitos lingüísticos de la población nativa, ya que la población local sólo necesitaba comunicarse periódicamente con los nuevos gobernantes.

 

Romanos, Suevos y Godos

En cuanto a la presencia árabe en el noroeste peninsular, parece haber sido mínima. Esto queda patente en la falta de restos físicos asociados a estos últimos invasores de la Península Ibérica. De hecho, la presencia árabe en el territorio que hoy conocemos como Galicia está limitada a textos literarios. Por ello, parece poco probable que se produjese una arabización de la lengua o lenguas nativas sin existir un asentamiento árabe duradero o una élite árabe dominante en el noroeste peninsular.

No hay constancia histórica alguna de posteriores invasiones de Galicia. La única posible influencia subsiguiente se limita a las documentadas incursiones vikingas, conocidas por su corta duración y mínimo asentamiento. Por todo ello, es razonable que la lengua o lenguas que se hablaron en el noroeste peninsular antes de la conquista romana pudieron haber sobrevivido en una buena parte de lo que hoy conocemos como Galicia, sobre todo teniendo en cuenta que Gran Bretaña sufrió invasiones muy semejantes y casi simultáneamente a las que sufrió el noroeste de la Península Ibérica.

 

Vikingos

En las Islas Británicas las lenguas celtas indígenas sobrevivieron sin obstáculos, relativamente, hasta el siglo XII, pese a una grave interrupción del galés en el este y el norte de Gran Bretaña, debida a la expansión de gaeles, sajones y escandinavos. Las lenguas celtas habladas en las Islas Británicas sólo se han visto amenazadas durante los últimos mil años por la expansión imperial de la lengua inglesa, acompañada de una aplastante fuerza militar. Incluso así, sólo el gaélico manés y el córnico se consideraron extintos, aunque ambas lenguas están experimentando un modesto resurgimiento.

Recientes estudios genéticos muestran claramente que no ha habido una sustitución poblacional a gran escala en ninguna zona de la Europa Atlántica, desde la Península Ibérica a la Península Escandinava. Por lo tanto, no hay motivos para suponer que una sustitución poblacional haya sido la razón para la sustitución de la lengua o lenguas indígenas por una lengua romance en el noroeste peninsular.

 

5. Siguiendo el rastro de la lengua
 

La lengua gallega es una lengua romance muy singular, y lo es por haber desaparecido como lengua escrita durante un período de más tres siglos (conocidos en gallego como os séculos escuros o siglos oscuros), para reaparecer a mediados del siglo XIX. Pero cuando la lengua reapareció, lo hizo con una ortografía que reflejaba malamente la lengua hablada. Un buen ejemplo de ello es el tratamiento de la geada, la realización fonética de la consonante velar sonora g como una fricativa sorda similar a la h de la palabra inglesa house. En la ortografía gallega esta consonante se escribía simplemente como g, a pesar de su distintiva articulación.

De hecho, se llevó a cabo una implacable campaña lingüística por parte de los gallegohablantes educados para eliminar la geada de la lengua gallega hablada, a pesar de que la geada es un rasgo dialectal normal característico de una enorme parte de la población tradicional de gallegohablantes. En el mundo literario y académico se rechazaba la geada gallega como algo propio del vulgo inculto, mientras que en el ámbito rural gallego, donde se había conservado la lengua, hablar sin geada se consideraba un amaneramiento extranjero. Como veremos, la no representación de este sonido concreto en la ortografía gallega ha dificultado las comparaciones lingüísticas, en especial al comparar palabras gallegas y palabras gaélicas.

Durante los siglos XIX y XX, diversos investigadores de campo se dedicaron a recoger palabras gallegas de boca de gallegohablantes de zonas rurales. Aunque estos gallegohablantes aportaron palabras que con el tiempo se convertirían en el gran tesoro de la lengua romance gallega, la mayoría eran analfabetos. Al transcribir el material, los investigadores de campo escribieron según la normativa ortográfica existente. Esto incrementó el peligro de error de transcripción, por lo que es difícil saber si las diferencias entre las variantes escritas se debieron a la interpretación de sonidos concretos por parte de quien los transcribió, representándolos con una ortografía inadecuada, o si tales variaciones existían realmente en la lengua hablada. Un ejemplo es el gran número de variantes en las que la única diferencia consiste en la sonorización o palatalización de ciertas consonantes. Los pares opuestos más comunes son b/p, d/t, c/g y l/ll.

 

Gallegos

El tratamiento de las vocales es un problema paralelo. El gallego hablado contiene al menos siete vocales contrastadas, sin embargo, la ortografía sólo permite la representación de cinco vocales contrastadas. ¿Qué hace un investigador al oír una vocal que no se puede representar en la ortografía tradicional?

Puede parecer poco razonable que en la lengua gallega se den hasta 8 variantes de una misma palabra cuando unos kilómetros más al sur, en Portugal, donde se habla portugués, una de las lenguas hermanas del gallego, no existe ninguna de las 8 variantes gallegas. Estas diferencias pueden deberse a diferencias dialectales reales, pero otras diferencias evidentes pueden ser debidas a las deficiencias de la ortografía gallega y la grafía portuguesa. Así, palabras que parecen diferentes pueden, de hecho, pronunciarse del mismo modo, mientras que palabras que parecen iguales pueden tener pronunciaciones significativamente distintas. Los sistemas especiales de transcripción suelen eliminar la mayoría de estas dificultades pero, por desgracia, una buena parte del material transcrito ha sido escrito con las ortografías tradicionales, lo que dificulta la interpretación fonética, sobre todo en el caso de la geada.

Finalmente, otro de los motivos que nos han llevado a investigar a fondo la lengua gallega es la existencia de topónimos que parecen ser exclusivos de Galicia, o cuya presencia en algunas zonas limítrofes se puede achacar a la influencia gallega. Algunos de estos topónimos gallegos se cuentan por miles en Galicia, mientras que son casi inexistentes en Portugal y el resto de la Península Ibérica.

Estas son sólo algunas de las razones que nos impulsaron a crear el Proyecto Gaelaico hace algunos años. Para conseguir que el complejo mundo de la lingüística sea asequible para todos, hemos intentado simplificar, en la medida de lo posible, nuestras explicaciones, llegando incluso a ser reiterativos, con la esperanza de que nuestro trabajo se pueda leer y comprender mucho más fácilmente. Para ello, hemos elaborado un método que consiste en incluir en nuestros documentos acepciones de todas las palabras analizadas, recogidas en los distintos diccionarios de cada lengua, de forma que la similitud de sus significados y formas fonéticas se pueda apreciar claramente.

 

El Proyecto Gaelaico
"La pieza que faltaba"

 

a) El apellido del proyecto
 

Lo que pretendemos dejar claro con nuestro trabajo es que antaño, en épocas no tan remotas como hemos llegado a creer, existió una clara relación entre Irlanda, Escocia, la Isla de Man y Galicia. Fue una relación tan clara, que creemos que compartieron cultura y lengua a lo largo de muchos siglos. Dicho de otro modo, compartieron una identidad común. Esa identidad compartida queda patente incluso en los nombres de sus lenguas actuales. Sus nombres son demasiado parecidos para ser fruto de la casualidad simplemente.

Gaeilge, Gàidhlig, Gaelg, Galego

 

Los irlandeses se refieren a su lengua, a la lengua de los gaeles, como Gaeilge; los escoceses se refieren a la lengua gaélica hablada en Escocia como Gàidhlig; los habitantes de la Isla de Man se refieren a su lengua ancestral como Gaelg; y los gallegos se refieren a su lengua romance como Galego.

La versión anglicanizada del nombre de las tres lenguas goidélicas es Gaélico. Galaico es lo que nosotros consideramos la versión romanizada de la lengua que antaño se habló en Galicia. Galaico es sinónimo de Galego, igual que Gaelic es sinónimo de Gàidhlig, de Gaeilge y de Gaelg. También en la semejanza entre estos nombres queda reflejada la identidad compartida antaño:

Gaélico / Galaico

 

De estas dos palabras, Gaélico y Galaico, nace el apellido de nuestro proyecto:

 

Gaelaico

 

b) Financiación del proyecto
 

El Proyecto Gaelaico nace como un proyecto privado e independiente. Únicamente pretendemos aportar datos que esperamos sean válidos y valiosos para disciplinas tales como la lingüística o la historia. Nuestro trabajo está financiado únicamente con la aportación de fondos privados, para ayudar a que una parte de la historia que todavía está por descubrir pueda salir a la luz.

Nuestro objetivo prioritario es mantener una página dinámica con actualizaciones periódicas. Por ello, para que podamos seguir investigando, difundiendo y actualizando los resultados de nuestros estudios, hemos incluido un apartado de donaciones desde el que cualquier persona, por pequeña que sea su aportación, puede colaborar con nosotros. En un futuro cercano, esperamos ser autosuficientes, consiguiendo financiarnos a través de ingresos por publicidad, venta de artículos y captación de socios, de modo que podamos seguir ofreciendo información gratuita a todo el mundo.

 

c)  Nuestra página web
 

Al entrar en www.progael.com, nuestro sitio web, tanto los expertos como los menos avezados en los temas que en él tratamos, se encontrarán con una obra tan inesperada como inédita en pleno desarrollo.

- Inesperada porque todos los intentos realizados para establecer cualquier tipo de relación entre la lengua gallega y otra u otras lenguas de origen no latino han resultado siempre infructuosos. Por lo tanto, ya casi nadie alberga esperanzas de que se realicen grandes descubrimientos, exceptuando la posibilidad de encontrar un puñado de palabras o de topónimos que puedan tener un remoto origen celta.

- Inédita porque el contenido de esta página web es el resultado de un trabajo de investigación que hasta ahora nadie se había planteado de este modo. Un trabajo de investigación que no habría sido posible sin la existencia de la tecnología moderna (la informática e internet concretamente), que ha posibilitado el intercambio de información y la cooperación internacional de un modo casi inmediato, algo impensable en un pasado no muy lejano.

 

d) El equipo
 

Las personas que formamos parte de este proyecto queremos que el usuario sea consciente de que, desde el momento en el que entre en esta página web y vaya conociendo su contenido, irá descubriendo poco a poco una línea argumentativa que se extenderá entre el pasado y el presente, abarcando aspectos básicos de la zona occidental de la Península Ibérica a lo largo del tiempo y centrándose, en particular, en el territorio que hoy conocemos como Galicia: en su cultura, sus tradiciones y, en cierta medida, en su historia.

El Proyecto Gaelaico es el fruto de varios años de trabajo por parte de un grupo internacional de investigación con base en Galicia, formado por diversos estudiosos y académicos cuyos campos de especialidad son la lingüística, la antropología, la historia y diversas disciplinas relacionadas con nuestra investigación.

Cuantos en él estamos integrados, esperamos que el Proyecto Gaelaico llegue a convertirse en una herramienta necesaria e imprescindible para poder comprender mejor el amplio y complejo mundo de las relaciones entre las naciones y los pueblos europeos que a lo largo de la historia crearon lo que bien podría considerarse la cuna de la cultura y civilización occidental.

Sin otra pretensión que la de arrojar un poco de luz sobre algunos de los capítulos más oscuros de nuestra historia común, el Proyecto Gaelaico ha sido creado con la esperanza de poder aportar, con todo el rigor alcanzable, datos cruciales y conceptos clave que nos ayuden a esclarecer y a comprender mucho mejor nuestro pasado. Sin intención de reflejar predisposición partidista alguna relacionada con la política o la religión, trabajando con objetividad y considerando que aunque nuestra labor pueda revelar la interacción de diversos grupos y de sus luchas por el poder a lo largo de la historia, en nuestra opinión dichas disputas ya pertenecen al pasado y no nos incumben directamente. Trabajamos en colaboración y, por lo tanto, con espíritu de escolaridad, a pesar de nuestras inclinaciones o tendencias individuales.

Para ello, el Proyecto Gaelaico seguirá en todo momento un hilo conductor basado principalmente en la lingüística moderna, utilizando el método comparativo como herramienta principal. Un método que puede aplicarse a diversas lenguas, incluidas algunas lenguas minoritarias que todavía siguen vivas, pero que gozan de una precaria salud.

 

e) La comparación entre las lenguas gaélicas y la lengua gallega
 

Al decir que utilizaremos el método comparativo aplicándolo a lenguas minoritarias que todavía siguen vivas nos referimos, por una parte, a las lenguas celtas (en particular a la rama de las lenguas celtas Q, en la que están incluidas las lenguas goidélicas - el gaélico irlandés, el gaélico escocés y el gaélico de la Isla de Man -), y por otra parte, a la lengua romance gallega, una lengua también minoritaria que podría llegar a estar condenada a la desaparición o al ostracismo, a pesar de ser una de las dos lenguas cooficiales dentro del territorio gallego.

En nuestros análisis y comparaciones incluiremos otras lenguas habladas en el oeste de la Península Ibérica que, al contrario del gallego, gozan de una excelente salud. Nos referimos a sus lenguas hermanas, el portugués y el castellano, que actualmente hablan centenares de millones de personas en el mundo. No obstante, no nos olvidaremos de otras lenguas romances del occidente peninsular, también minoritarias.



 

Las personas que iniciamos este proyecto somos conscientes de la gran dificultad de la tarea. Esto se debe, en particular, a la ausencia de documentos escritos en lenguas vernáculas en Galicia, ya que hasta el siglo XIII, fecha de los primeros textos en gallego-portugués, sólo existen escritos en diferentes formas de latín. Justo lo contrario de lo que ocurre al norte de los Pirineos, donde se han encontrado muchos textos escritos en lenguas vernáculas.

Teniendo en cuenta que la mayor parte de los documentos antiguos fueron escritos por monjes, clérigos o personajes relacionados con las distintas élites que ostentaron el poder en cada época concreta, y que la presencia de personas de esa índole está documentada en Galicia y en la Península Ibérica desde al menos la época de Prisciliano (supuestamente nacido en la Gallaecia), sólo puede haber dos motivos para la ausencia de documentos en lenguas vernáculas:

1) Que no se escribiese en lenguas vernáculas porque dichas lenguas ya se habían extinguido.
2) Que los documentos escritos en cualquier posible lengua vernácula fueran perdidos o destruidos en épocas posteriores.

El equipo del Proyecto Gaelaico ha detectado un sustrato celta en la toponimia gallega y en el léxico de la lengua gallega. Este sustrato celta revela que ha sido claramente adaptado a la lengua romance a lo largo del tiempo. Parte de este material celta estaba presente ya en la lengua galaico-portuguesa antes de separarse en las dos lenguas posteriores: gallego y portugués.

Dichos vestigios aparecieron de manera mucho más exhaustiva y evidente durante la recopilación y documentación del léxico gallego realizada a pie de campo durante las dos últimas décadas del s. XIX y a lo largo de todo el s. XX. El fruto de estas iniciativas particulares tomó forma escrita en los distintos diccionarios de lengua gallega que nos han dejado el testimonio inestimable de una lengua o lenguas celtas romanizadas de forma espontánea por el pueblo galaico con infinidad de vocablos y variantes inexistentes en las lenguas romances habladas en zonas colindantes con Galicia. Este material fue recogido principalmente en zonas rurales remotas y aisladas dentro del territorio gallego.

Teniendo en cuenta este hecho significativo, el fruto de nuestras investigaciones indica que es claramente imposible que la lengua o lenguas vernáculas habladas en las regiones del noroeste de la Península Ibérica se hayan diluido hasta el punto de ser irreconocibles en las lenguas romances modernas.

La cercanía geográfica de las regiones de la Europa Atlántica, la similitud genética y las conexiones prehistóricas e históricas entre las zonas tradicionalmente celtas son razones más que suficientes para justificar nuestra iniciativa.

En los siguientes artículos de la sección izquierda de esta página web se puede encontrar información detallada sobre conexiones genéticas, prehistóricas e históricas entre los diversos pueblos de la Europa Atlántica, así como información sobre el método lingüístico que utilizamos, el método comparativo.

 

• • • • •